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6 meses sin comprar

escrito por Jessica V. 8 julio, 2019

Oficialmente ya hace seis meses que no compramos ni ropa ni libros. Ha habido alguna excepción por el camino, pero de momento todo bien.

6 meses sin comprar

LO QUE HE APRENDIDO EN 6 MESES SIN COMPRAR

LA DIFERENCIA ENTRE QUERER Y NECESITAR

Sigo queriendo cosas, eso es algo que no ha cambiado (soy minimalista, pero no gilipollas). Sí es cierto que son pocas veces y que no es una querencia existencial, pero el sentimiento está ahí, sobre todo para cosas que me harían la vida más fácil (como una riñonera, coño, ahora que por fin las hacen bonitas. No me reconozco).

Estos seis meses me han dado la perspectiva suficiente para saber diferenciar entre querer y necesitar.

Nos inventamos unas necesidades absurdas, de verdad os lo digo. Utilizamos obscena y habitualmente la palabra «necesitar». «Necesito unas sandalias nuevas para este verano», «Necesito otro bikini para la playa». A ver, necesitar es:

  1. Un impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido;
  2. Aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir;
  3. Carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida;

¿Es realmente imposible que te resistas a comprar unas sandalias nuevas? ¿Sin ese bikini te vas a morir? Yo diría que no. Entonces, ¿por qué utilizamos el verbo necesitar para esas cosas? Yo creo que, por regla general, para redimirnos de la culpabilidad de comprar algo que ya tenemos o sin lo que podríamos pasar perfectamente. Para justificar un capricho.

Este experimento por el momento me ha abierto los ojos a diferenciar entre las cosas que quiero y las que necesito. Y si hay algo que quiero, lo necesite o no, puedo tomar una decisión consciente sobre si me lo compro o no en lugar de hacerlo por inercia solo porque me diga a mí misma que «lo necesito».

 

EL VALOR REAL DE LAS COSAS

Otra de las principales cosas en las que me ha afectado personalmente este año es en la percepción del valor que tienen las cosas. Antes, como la mayoría, miraba mucho el precio de todo y ya podía gustarme muchísimo algo para que no esperase a las rebajas para comprarlo. Eso ha cambiado. Primero, porque la producción local o ecológica es más cara que la producción en masa en países en vías de desarrollo; y segundo, porque como me compro tan pocas cosas, las que me compro son porque me encantan y sé que voy a querer tenerlas toda mi vida, así que no me importa pagar más por ellas.

Vivimos acostumbrados a buscar el precio más bajo en todo, independientemente de si nos lo podemos permitir o no. Si tenemos poco dinero, pero podemos comprarnos 5 camisetas nuevas porque son baratas, no sentimos que estemos tan mal y seguimos en la rueda del consumismo. De hecho, nos enorgullecemos de haber conseguido el precio más bajo. «¿Te gustan mis zapatos? 10€ de rebajas en Zara». Nos jactamos de nuestro ingenio. Sí es cierto que jactarse de lo contrario, de haber pagado una pasta por cualquier artículo, es de pedantes asquerosos, pero se puede hacer de otra manera. ¿Y si no juzgásemos a la gente por el dinero que se gasta en lo que compra? Ya sea poco o mucho. Como idea.

Cosas que puedes contar en lugar de lo que te ha costado algo:

  • Con quién o por qué lo compraste;
  • Para qué te lo pusiste que te gustó mucho o a qué te recuerda;
  • Si no es fast fashion, la historia de la marca o la diseñadora que lo ha creado

El precio no debería ser un factor determinante en si nos compramos algo. Que sea barato no significa que haya que comprarlo porque sí.

 

A VECES LA ROPA SOLO ES ROPA

Una cosa en la que no pensé cuando decidí embarcarme en este proyecto fue en la «crisis de identidad» por la que estaba pasando en aquel momento (y que no se me ha pasado todavía, por cierto). Me estaba costando bastante encontrar mi nuevo yo y la manera en la que me gustaría presentarme al mundo en esta nueva iteración de mi desarrollo personal. (Eso sí que ha sonado pedante). En resumen: no estaba a gusto siguiendo con el mismo estilo (y en general, las mismas prendas) que cuando estaba en la universidad. Estos meses le han puesto un par de parches a este tema.

Por un lado, no pudiendo comprar ropa nueva lo que ves es lo que hay: con la excepción de algunos pantalones que le he robado a mi hermana, mi armario no ha cambiado nada, así que había que apretar el culo y buscar la forma de que todo eso encajase de manera distinta a hace 6 años. Más o menos estoy en ello (no me está saliendo, pero no me quiero morir mucho).

Por otro, le doy muchísima menos importancia a la ropa que llevo. A veces la ropa solo es ropa.

Además, tengo un año entero para decidir conscientemente hacia dónde quiero ir con mi estilo y poder encontrar marcas que encajen conmigo y mi forma de pensar, en lugar de estar limitada por lo que hay en Zara.

(Otras veces voy a ver a algún cliente y toda la gente que trabaja allí parece sacada del Diablo viste de Prada y me quiero suicidar. Es una cosa de equilibrios).

 

EL VIRUS DEL NO-CONSUMISMO

Las categorías que teníamos en la lista de no comprar se han ampliado. Desde hace unos meses (febrero) tampoco compramos cosas para la casa y hace un par de meses que compramos el último vinilo. Sí, hemos comprado plantas, pero en realidad son seres vivos, y además atrapan CO2, así que claramente no cuentan.

Habrá que ver cómo se lleva esto con las rebajas de Zara Home (no prometo nada, la tarjeta es débil), pero la verdad es que el chip te cambia para todo, no solo para ver si te compras o no unos pendientes nuevos, sino para ver si te compras cualquier cosa, incluidos los botes de legumbres en el súper. (Voy a ser la más rica del cementerio).

 

SOBRE AHORRAR

Algo que le interesa mucho a la gente sobre esto de no comprar es el dinero que me estoy ahorrando. Hacen mentalmente la suma de lo que llevan gastado este año en ropa (o en lo que se gasten ellos el dinero, imagino) y generalmente la diferencia es grande. La realidad es que nosotros ya veníamos de una época de comprar relativamente poco, nos hemos considerado minimalistas desde hace más de un año, así que tampoco ha sido una diferencia abismal. Pero sí, ahorramos. No mucho, porque al final el dinero se va en otras cosas, pero si lo comparamos con antes de ser minimalistas, un huevo. En comparación con eso, somos ricos (spoiler alert, NO).

 

COSAS QUE SÍ HE COMPRADO

Si habéis leído sobre el primer o los tres primeros meses sin comprar, sabréis que sí que hay cosas que he estado comprando. Al fin y al cabo, esto se trataba de no comprar ropa. Bueno, pues esto es todo lo que he comprado en estos seis meses:

Para mí

  • 2 medias
  • Muchos (muchísimos) productos para el acné
  • 2 copas menstruales (porque al parecer lo de la talla es una cosa. Todavía no he encontrado una que me vaya bien. Me pego un tiro)
  • Una lámina de Laura Berger (con su correspondiente marco de Ikea)
  • Bragas (que no sabéis qué odisea para encontrar marcas que fabriquen en España, un show)

Para la casa (o para compartir con Borja)

Borja, si quiere, que os cuente lo que ha comprado él en su blog o algo.

Y eso es todo, petites. Seguimos para bingo.

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2 COMENTARIOS

María Elena Martínez Pacheco 9 julio, 2019 - 08:03

Te había perdido y te he vuelto a encontrar!!!!😃😍

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Jessica V. 9 julio, 2019 - 17:14

¡Sigo aquíííí! 😂🥰

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