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30 días siendo vegana

escrito por Jessica V. 22 agosto, 2019

30 dias siendo vegana

No sé si lo recordaréis, petites, pero tengo el sugestionar un poco fácil, y hace cosa de un mes, leyendo Sapiens, me dio la pájara y me pregunté fuerte si hacerme vegana (porque, claro, NO ESTOY HACIENDO SUFICIENTE POR EL MEDIO AMBIENTE). Fuerte as in a los 2 días de publicar el post decidí embarcarme en un mes de vegetarianismo extremo. La cosa ha ido así:

VEGANISMO – DIARIO DE A BORDO

SEMANA 1 – Por lo menos he comido helado

Día 1.- El ramen vegano no es una cosa, tiene mucha mejor pinta cualquier otro, pero la heladería a la que hemos ido después tiene muchos helados sin leche. Uno de ellos de chocolate sin azúcar. ¡Victoria!

Día 1, pero más tarde.- Sección «veggie» del Tuenti’s Festival (si fuisteis adolescentes en los 2000, espero que fueseis). Todo lleva queso o pollo, las ensaladas y los wraps incluidos. Me voy a casa sin cenar. Muy mal todo menos el helado de antes.

Día 3.- Me acabo de dar cuenta de que tampoco podría haberme comido los gofres del Tuenti’s PORQUE TENÍAN HUEVO. Madre mía, ni los bollos me quedan para aferrarme a ellos. ¿Qué voy a hacer? ¿Adelgazar? PERO ESTO QUÉ ES.

Día 4.- Borja no sabía qué hacerse de cena y le he recomendado un bocata de jamón serrano. Pero soy vegana.

Día 7.- Ayer fuimos a cenar a una hamburguesería. A ver, sinceramente, no ha sido lo más inteligente que he hecho en la vida, pero tampoco estaba yo como para pensar, la verdad. Había exactamente 0 platos que pudiese comer y eso me puso muy triste. Pero es que, 0 platos. Y de eso me he dado cuenta hoy, que una compañera de trabajo me ha recordado que los aritos de cebolla y la tempura (que pedí yo pensando que eso bien) se hacen CON HUEVO para sujetar el rebozado. Así que perfecto. No me quiero pegar un tiro ni nada. Todo bien. Sigan caminando.

SEMANA 2 – Todo es un drama todo el rato

Día 8.- Nos hemos venido un poco arriba al pasar la barrera de la semana y hemos intentado hacer «alitas de pollo veganas», as in brócoli rebozado con salsa picante. Y bueno, a ver, como idea, chachi, pero la ejecución bastante pobre. Also, como vegana en período de prueba me parece un poco tontería todo el rollo de hacer sucedáneos de carne veganos, o sea, si no son alitas de pollo, no lo llames alitas de pollo, coño. Llámalo por su nombre: coliflor rebozada. Tampoco entiendo muy bien el auge de las carnes-que-no-son-carnes, tipo Impossible Foods entre los veganos. Si eres vegano, ¿por qué querrías algo que te recordase a comerte una vaca? ¿No sentirías un poco de angustia o rechazo por ello? Si puedo, la pruebo durante este mes, a ver si es una cosa para mí o qué.

Día 10.- Jamie Oliver ha sacado un libro de recetas de verduritas. Es como cuando te escucha el móvil, pero mejor.

Día 11.- Estoy harta de desayunar tostadas con tomate, coño, me paso el día comiendo pan. ASÍ NO SE PUEDE VIVIR. ¿Cómo lo hacen los veganos? Imagino que adelgazan por inanición, porque es que nada es vegano. Los Doritos no son veganos. Todo es un drama todo el rato.

Día 12.- He probado la Beyond Meat en el Goiko (que también, vaya sitio para hacer la prueba, que solo te puedes comer una hamburguesa vegana si la haces tú y ¡sorpresa! el 95% de los toppings son queso). Sabe tanto a carne que por un momento me ha dado hasta asquete. Confirmo como pseudo-vegana que es casi tan carne como las hamburguesas de pavo (o sea, carne, pero de la mala). Vaya, que no es ternera, pero me ha dado impresión. Dentro de una hamburguesa nunca adivinarías que no es carne. Igual no te parece ternera de primera (porque a eso no sabe) pero, joder, que no se nota la diferencia, de verdad. Qué cosa angustiosa.

Hoy me han preguntado si después de esto voy a seguir siendo vegana. Todavía no quiero planteármelo, pero se está empezando a gestar en mí el rechazo por la comida animal y eso me pone un poco triste. O sea, animales bien, pero ¿no voy a tener en mi corazoncito un hueco pequeño para el queso? ¿Ni siendo ecológico y de vacas felices? Ahora mismo me siento un poco como viviendo en mi cuerpo con otra persona a la que estoy intentando conocer.

SEMANA 3 – Tengo a los camareros preocupaos

Día 16.- Me ha vuelto el acné cual quinceañero, en plan muy fuerte todo, tras haber estado con antibióticos para eliminarlo. Lo positivo (si es que hay algo) es que puedo descartar por fin que sea un tema de alimentación (además de haberme quitado la carne y tal, llevo 16 días sin tomar azúcar). No me hace especial ilusión, pero mira, ya sabemos que no me lo provocaban ni los lácteos.

Día 18.- Lo confieso, me he comprado unos Doritos. Y no de los que no tienen lactosa (que los hay, los únicos Doritos vegano-friendly son los verdes esos nuevos que quieren ser picantes). No, de los Tex Mex de toda la vida de Dios. Y bueno, not bad. Quiero creer que no es como si me hubiese comido un trozo de queso, sino como cuando el pan de la hamburguesa lo han hecho con lactosa también, que no es que para hacerlos se necesite intrínsecamente leche, pero se la ponen porque ya que está ahí… No sé, igual desvarío. Yo solo quería Doritos y me los he comido.

Día 19.- Hoy hemos tenido un cóctel de empresa y solo he podido comer un trozo de pan y un chupito de salmorejo al que le han tenido que quitar el jamón. El camarero se ha preocupado. En plan en serio. «¿Esto tampoco lo puedes comer? Es que no has comido nada». (Buen marcaje). Absolutamente todo lo que había estaba hecho con carne, pescado, huevo o queso. Y está bien. Honestamente, ha sido culpa mía, que se me olvida que soy vegana. No durante la comida, sino en general, no lo tengo en cuenta hasta que ya estamos en el sitio y no puedo tomar cosas. Pero no me enfado, ni siquiera me molesta un poquito. No es culpa de nadie y nadie tendría por qué tener en cuenta mis preferencias alimenticias para nada. No soy alérgica, es una decisión que yo he tomado, no puedo pretender que nadie me tenga en cuenta de manera especial por ello. Y si eso significa que tengo que estar ahí solo bebiendo hasta llegar a mi casa para comer, pues tampoco es el fin del mundo.

Día 21.- Hemos comido en un vegano muy fancy (Lével Veggie Bistro). La primera vez que fuimos no éramos veganos, pero nos gustó mucho y hemos querido repetir en plan ocasión especial. Nos hemos puesto moninos y hemos ido a tener una cita allí. Todo muy rico, hacen salsas y quesos que parecen de verdad. A las 3 horas teníamos hambre. No podía ser todo.

SEMANA 4 – Me comería una pizza

Día 23.- Hoy me comería una pizza.

Día 24.- Hoy también me comería una pizza.

Día 28.- He soñado que me comía un Babybell. No estaba bueno. En este punto, la verdad es que aguanto hasta el final por pura cabezonería, porque me sentiría mal no llegando a los 30 días, pero vamos, que echo de menos la grasa una barbaridad. El quesito. Quiero una pizza.

Día 29.- Solo me alimento de hummus. Creo que en el fondo todos los veganos comemos única y exclusivamente hummus. Hummus todo el rato. Hummus, hummus, hummus. Hoy, de remolacha, para darle un poco de alegría a la cosa. Es del mismo color que mi pelo. Sigue siendo hummus.

Día 30.- Pues ya estaría.

 

COSAS DE LAS QUE ME HE DADO CUENTA

1.- Hay mucha gente a la que le da muchísima curiosidad el tema veganismo, o por lo menos el hecho de que yo haya decidido hacer este experimento. «¿Y por qué lo haces?», «¿Y qué tal lo llevas?», «¿Y qué comes?», «¿Esto lo puedes comer?»

También hay gente que solo quiere hablar sobre veganismo conmigo para soltar todos los chistes sobre veganos que ha escuchado de boca de algún cuñado y poder meter mierda contra ellos porque «No comer carne va en contra de nuestra naturaleza, que nosotros hemos comido carne toda la vida, desde que bajamos de los árboles». Hombre, pues no sé, la verdad. O aquello de «Yo no me fío de la gente que se come la comida de mi comida». Si no me lo han dicho 7 veces, no me lo han dicho ninguna.

He de reconocer que de momento me he mantenido totalmente ajena a los dos bandos. No me animo a considerarme vegana, porque me parece que todavía estoy en un período de transición, así que solo comparto la poca información que tengo sobre el tema, o sea, las 4 cosas que he leído sobre ideología vegana y mi propia experiencia. Y de momento bien. También, que he seguido utilizando mis bolsos de piel, así que en realidad estoy siendo vegetariana estricta.

2.- Creo que mis compañeras de trabajo son más conscientes de que soy vegetariana que yo misma. Me explico: hacemos una comida en casa de alguno de los jefes «Oye, no, pero no puedes hacer paella porque Jessi ahora es vegana y no puede comer eso». Y claro, mi pobre jefe se desvive por ver qué otra cosa hace de comer para que yo pueda comer algo. También se disculpan mucho por decir que quieren comer X cosa que yo no como o que qué rico el jamón serrano, y me da mucha ternurita. Sobre todo porque para mí no es un problema no estar comiendo esas cosas y por encima de cualquier otra cosa, lo último que quiero es molestar a nadie con esto. O sea, no pretendo que se haga una comida especial porque yo no coma carne. Si hay paella, bueno, pues no me comeré el conejo ni el pollo y ya está. ¿Es 100% vegano? No, pero no soy alérgica a la carne, no puedo pretender que por una decisión mía todo el mundo cambie y tenga que hacer siquiera un esfuerzo por complacerme. Opino que si esto lo he elegido yo, soy yo la que debe hacerse cargo de estar lo más a gusto posible en cada situación con esa decisión.

3.- El mundo no está preparado para los veganos. Todo en todos los sitios está hecho con algún producto animal. Y claro, como no eres alérgico ¿qué le vas a decir al del bar? ¿Que si no tiene pan que no lleve leche te vas? ¿Montando el pollo tofu con tus amigos? No, claro. Aprietas el culo y te lo comes o lo apartas cuando te llegue la hamburguesa.

Es impresionante la cantidad de trabajo que hay que hacer como vegano para salir a comer a algún lado. ¡Y yo solo estaba para un mes! La gente que es vegana todo el tiempo no sale a comer o solo va a sitios veganos, entiendo. Solo hay que hacer la prueba: la próxima vez que vayáis a comer contad cuántos ítems de la carta no llevan productos animales (carne, pescado, huevos, algún tipo de lácteo, miel, etc). Lo más probable es que solo haya dos. Y que uno de ellos sea el agua. Muy mal todo.

4.- Hay mucha empresa intentando aprovecharse de la etiqueta veggie. «Té vegano», «Zumo vegetariano», coño, claro que lo son, ¿alguna vez se ha necesitado algo de carne para hacer una bolsita de té? La gente tiene muchísimo morro.

5.- En realidad no es que los veganos estén todo el rato hablando de que lo son (que también los hay), es que el 90% de las situaciones sociales son alrededor de comida, y el 95% de esa comida es de origen animal. A la gente le extraña que no comas y pregunta, ahí lo tenéis. La realidad es que son los amigos de los veganos los que no pueden dejar de hablar de los veganos.

EN RESUMEN

Estar 30 días haciendo como que soy vegetariana ha sido fácil y no:

Por un lado, ha sido muy complicado alimentarme: no está la vida preparada para que nadie sea vegetariano de ningún tipo. La mayoría de la vida gira en torno a la comida (cenas con amigos, comidas de empresa, cañas, reuniones familiares), y la mayoría de esa comida está hecha con queso, huevos o carne. Me he pasado un mes comiendo muchísimo pan, hummus y salmorejo (todo casero, que Borja cocina muy bien), pero siempre lo mismo.

Por otro lado, en ningún momento he dudado de que esto era lo que quería hacer. Por mucho que los últimos días quisiera una pizza (que voy a achacar a mis hormonas rebeldes), no he sentido la necesidad de hacerlo ni me ha parecido que estuviese siguiendo una dieta de ningún tipo. Mentalmente no lo he sentido así y por eso me ha resultado supersencillo simplemente seguir adelante.

Una vez pasados los 30 días he comida pizza, y no ha sido una experiencia religiosa, la verdad. Estoy muy contenta porque no me siento mal conmigo misma, ni enfadada, ni avergonzada por haberlo hecho, pero me parece que de momento esa pizza no es una cosa para mí. Me siento muy bien siendo vegetariana, (no me superentusiasma el tema etiquetas, pero para entendernos, las utilizaré un rato), así que me parece que me voy a mantener en ello todo lo que sea posible hasta que deje de sentirme bien. Y si dentro de dos meses, cinco años o tres días, me apetece comer carne, queso o huevos, lo haré y no me sentiré mal porque será una decisión consciente que estaré tomando en ese momento y no por inercia porque sea todo lo que está a mi alcance o lo que conozca. Con un poco de suerte, podré elegir también que sea de ganadería ecológica y por lo menos me aseguro de que esos animales han tenido un mínimo de calidad de vida. O no sé, algo así.

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