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Validación a golpe de like

escrito por Jessica V. 10 septiembre, 2018

Se está poniendo de moda una cosa que me llama poderosísimamente la atención; esas publicaciones con miles de interacciones que rezan mensajes del estilo de:

«Se han reído de mi padre/hija/hermano/abuela por llevar este pantalón/peinado/camiseta/mochila. Dadle un poco de amor para demostrarle que esa gente está equivocada».

Pero vamos a ver, alma de pollo, ¿no te das cuenta de que estás buscando la validación de un grupo de gente externo (la gente de Internet) porque no has obtenido la validación de otro grupo de gente externo (la gente que se ha reído de tu padre/hija/lo que sea)? Que a ver, yo no soy madre, ni psicóloga, ni mucho menos, pero ¿no sería más sano (más lógico, más de cajón de madera de pino) enseñar a tus hijos que la única validación que merece la pena conseguir es la suya propia? (Porque a tu abuela mañana se le ha olvidado, y tu padre tiene una edad ya, pero tu hijo está bebiendo de todo lo que le estás mostrando).

Que a lo mejor no, ¿eh? Que la última vez que miré el amor propio valía más que un puñado de likes, pero mira, la cosa está fatal últimamente, así que lo mismo está cotizando el like al alza ahora en psicopedagogía y me estoy equivocando.

DESHUMANIZADOS NO, GILIPOLLAS

Me preguntan mucho últimamente qué opino de las redes sociales, de su futuro, de si creo que nos están deshumanizando. Y mira, deshumanizando no sé, pero gilipollas nos estamos volviendo por momentos. Creo sinceramente que el gran problema es que no hemos sabido gestionarnos la llegada de Internet y toda la movida sociodigital que estamos viviendo, y que la falta de adaptación a las redes sociales de una generación entera de padres ha dejado a otra generación entera de hijos a merced de sus propios deseos y criterio cuando éstos todavía no estaban formados (esto es, adolescentes siendo responsables de su propio desarrollo social y de autoestima a través de una plataforma que les dice que su valor es directamente proporcional al número de seguidores que tengan). Y esto es un problema.

MANDAMOS EL MENSAJE EQUIVOCADO

Un problema que se acrecienta todavía más cuando el mensaje que damos es «Los niños de tu clase no tienen ni puta idea, pero estos señores desconocidos de Internet sí que pueden juzgarte». No, tía, no. Ni los niños de tu clase, ni tus compañeros de trabajo, ni tu vecina, ni los desconocidos de Internet. Nadie tiene derecho a juzgarte, y el valor de ninguno de esos juicios está por encima del de los demás. El único criterio que vale es el tuyo propio. La única validación que necesitas es la tuya. Vale ya de buscar el like fácil porque «Ay, pobriña tu abuela, que a sus compañeras del Imserso no les ha gustado su nuevo peinado».  Que les den a esas viejas. Que les den a los compañeros de clase de tu hijo. Y que te den a ti por sentar un precedente tan tóxico.

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