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No hay nada como un hermano

Por Jessica V.

nada como hermano

Petits, me iba a poner mis bragas de crítica de cine para hablaros de la película Hermanas de Amy Poehler y Tina Fey, porque la acabo de ver y me he reído lo que no está en los escritos (en plan lágrimas. O sea carcajada de «me estoy asfixiando, haz que pare ya». Like, legit), pero tampoco iba a ser imparcial, así que mejor voy a hablar sobre tener hermanos, en mi caso una hermana, y sobre esa gente que es hija única y se permite el lujo de decir que su mejor amigo es como su hermano (que me toca mucho la moral):

no hay nada como un hermano

A ver, no. Permíteme que te saque del error, querido. Tu mejor amigo no es como tu hermano; sé de lo que hablo porque tengo una, y no es que eso me convierta en una autoridad en la materia (que un poco sí), pero me da un poco más de perspectiva que a ti y no me gustaría que por ir diciendo ese tipo de tonterías otro alguien que también tenga un hermano te dé una paliza ayudado por éste. Porque, lo parezca o no, eso es en lo que pensamos cada vez que nos dices que quieres a tu vecino (a tu amigo o a tu perro) como si fuese tu hermano.

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novio feo

El mantra de toda recién enamorada: «Es guapo, de verdad, espera que te busco otra foto».

Igual lo de enamorada es un poco precipitado, pero el tonito de desesperación es real, porque no vas a ser la primera en reconocer que tu novio es feo y aunque no quieres que tus amigas te lo quiten (porque son amigas pero no tanto, que ya nos conocemos todas lo de en el amor y en la guerra… y ya te las has tenido que ver en mitad de una discoteca con tu amiga Elena cual batalla campal para que no te quitase al chico con el que estabas tonteando. La muy puta) buscas su aprobación o por lo menos buscas que mueran de envidia (un poquino na’ más) por el pedazo de tío que te has ligado. Lo hemos hecho todas. Si es que somos así, especialitas. Y encima los tíos no ayudáis mucho a la causa, porque os importa lo que viene siendo un pito lo que subís a las redes sociales y así no se puede vivir de verdad. Bueno, «un pito», a los que os importa poco porque os importa poco, pero a los que cuidáis al milímetro la posición del brazo para marcar bíceps como sin-queriendo mientras hacéis como que contempláis el infinito con mirada ausente es para echaros de comer a parte.

quiero novio feo

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Petits, quiero tener abdominales, pero unos de esos que te caes de culo. (Diría que de esos en los que se puede rallar queso, pero me parece un poco asqueroso rebozarse con gruyère la panza, para qué nos vamos a engañar). Evidentemente, no es mi objetivo final en la vida, pero es una de mis metas físicas a largo plazo (¿objetivo de crossfitera?); vamos, que lo quiero y punto. Y yo no sé qué tiene esta frase de especial (la de los abdominales, no la del queso) que hace aflorar el life coach que todos los hombres de mi vida llevan dentro. Bueno, todos no, pero los suficientes, porque al parecer tú no puedes decirle a un hombrecito de a pie que entrenas cinco veces a la semana (moviendo ruedas de tractor y esas cositas que tiene el CrossFit) y que tu objetivo a medio-largo plazo es hacer una dominada sin ayuda, y esperar que no te ilustre con sus grandes conocimientos sobre el cuerpo femenino en general y con lo que deberías hacer tú con el tuyo en particular:

cosas no decir a crossfiteras

«Eso es mucho esfuerzo para ti», o «¿No sería mejor que te apuntases a Zumba?» (ZUMBA, tócate los cojones), o mi favoritísima «Ugh, no, yo no saldría con una chica con abdominales», que la primera vez que un tío me dijo eso me dieron ganas de decirle «No te preocupes, yo no saldría contigo ni aunque los tuvieras todos».

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