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La vida

Petits, no quisiera yo alardear, pero creo que soy la mejor ex del mundo. Pero buena, buena. Como novia no sé (bueno, supongo que regulín porque si no de qué iba a tener tanta experiencia en el otro lado), pero como ex valgo mi peso en oro. Soy un puñetero portento, de verdad.
Desde luego, no diría que es un hazaña de la que estar orgullosa, porque quién querría ser bueno haciendo que los demás se olviden de ti (a menos que seas un asesino en serie o un ladrón de bancos) pero, pensándolo bien, llevo años ayudando a mis ex a superar sus relaciones conmigo y no hay nada tan bonito como eso. Si es que solo pienso en los demás.

Total, porqué tengo esta certeza y cómo adquirir esta habilidad: a lo largo de los años he desarrollado lo que a mí me gusta llamar el Protocolo Fantasma, que es básicamente un plan de «escape» prácticamente infalible de una relación de cualquier tipo. Para aplicarlo hace falta una buena dosis de fuerza de voluntad, pero si estás dispuesto a llevarlo a cabo los resultados son inmejorables, de eso no cabe duda, la relación se supera echando hostias (o, por lo menos uno de los dos tiene todos los medios para hacerlo. El otro).

protocolo fantasma ex

El Protocolo Fantasma consiste a grandes rasgos en cortar todo tipo de posibilidad de comunicación con la otra persona. No solo la comunicación, no, no vale que no le escribas o que no le llames, es que tienes que no poder llamarle ni escribirle (y al revés también, que la tentación es muy mala): convertirte en un fantasma. Desde luego en la era de la comunicación y las redes sociales esto es más complicado de lo que parece, por eso y para no dejar cabos sueltos os dejo una checklist de lo que debéis hacer para cerrar todas las vías:

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#FLEXLaNocheEsNuestra

Petits, yo normalmente me acuesto pronto. Me acuesto muy pronto. Pero pronto-pronto. Exageradamente pronto. Muy mal se tiene que dar la cosa para que a las 22:00 no esté ya metida en el sobre. Y esto es algo que sorprende a mucha gente, y no solo eso, sino que les ofende. Como si estuviera desperdiciando mi juventud. Viejuventud he acabado por llamarlo yo. Y menos mal que lo de que a veces a las 21:00 ya estoy tocando almohada me lo guardo, porque menudo escándalo. (De hecho yo creo que en cuanto oscurece un poquito ya es legítimo ponerse el pijama). «¿Qué estás haciendo con tu vida?» Y no es que me guste especialmente dormir, de hecho me gusta madrugar (que esto también está muy mal visto. «¿Cómo que te gusta madrugar? A nadie le gusta madrugar». Ya está el listo de los coj), pero entreno por la tarde y después del CrossFit y de darte una ducha lo único que te apetece es morirte o como mínimo tumbarte, que a esas alturas lo sientes igual, y si te tiene que dar el arrechucho mejor que te dé tumbado, no sé si me explico.

Pero bueno, el caso es criticar, sobre todo lo que está relacionado con la cama, cuándo entras y cuándo sales; con quién, cuántas veces y con quién no. En pijama, desnudo o con calcetines gordos. Pues a lo mejor me gusta dormir en bragas pero duermo con calcetines porque se me quedan los pies fríos. «Es que eso no es ni medio normal». ¿Por qué no?

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Petits, estoy obsesioná con las cuentas fitness de Instagram, osesioná os digo. Es una cosa loca, pero no puedo evitarlo, sobre todo teniendo en cuenta que mi fijación con esas cuentas es solo equiparable a la que tengo con el CrossFit (esto es una secta, no me saquéis de aquí), lo que significa que cuando no estoy entrenando o pensando en entrenar, estoy viendo a otra gente entrenar o lucir modelitos de ropa deportiva (porque eso es a grandes rasgos a lo que se dedican la mayoría de fitstagramers [esto es muy difícil de decir] y no me parece mal, porque si estás así de buena qué menos que compartirlo con el mundo).

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