
A ver, parad aquí, mirad bien esta foto. ¿Ya? Ajá. Bien. Prosigamos…
¿Cuantísimo me puede gustar esta fotografía? En serio, es terrible, la utilizaría para absolutamente todo. ¿Me dejarán usarla cuando me renueve el DNI? Ojalá sí.

A ver, parad aquí, mirad bien esta foto. ¿Ya? Ajá. Bien. Prosigamos…
¿Cuantísimo me puede gustar esta fotografía? En serio, es terrible, la utilizaría para absolutamente todo. ¿Me dejarán usarla cuando me renueve el DNI? Ojalá sí.

Esta mañana me he perdido en la vida de otra persona. Lo he sentido tan real y tan cercano que he creído conocerla. Estaba escribiendo para mí. Era una chica normal, con una vida normal, escribiendo lo que todos hemos pensado alguna vez, pero de una manera tan maravillosa que querrías que nunca acabase de contarlo. Sus fotografías reflejaban tanto amor por lo que fotografiaba, una pasión, un conocimiento… Algo que deseas poder sentir en algún momento de tu vida porque sabes que te dejará sin aliento. He querido ser ella, ver el mundo a su manera.


Una cosa os voy a decir: Toda esa gente que le hace un book de fotos al desayuno, se lo come frío. ¡Se come las tostadas frías! POR DIOS. O lo que es peor, recalentado. Se recalienta los huevos revueltos/tostadas/café (que yo soy más de Cola Cao, también os lo digo y aquí solo hay Nesquik y lo estoy pasando mal) solo por sacar unas fotos. Esa gente no es de fiar.
Mira que me salen bonitas las tostadas en la sartén ¿eh? Pero no me salen fotogénicas y una tiene que cumplir un horarios, así que nunca mais.
