Forever 21 y cosas del comer

Por Jessica V.

¡Tengo noticias! La primera y más importante: he empezado a colaborar en We Lover Size. Que vosotros diréis «¿Y eso qué es lo que es?» (porque yo a veces me imagino que habláis como si fueseis de pueblo, por lo que sea) y lo he estado pensando un rato y no sé cómo explicaros la temática de la web sin resultar ofensiva. Porque es que no se puede hablar de pesos y tallas sin que alguien se ofenda, no me jodas fastidies. Así a grandes rasgos es una página donde chicas que escriben un poco como yo (he encontrado a mis almas gemelas. En plural) hablan de moda, sexo y temas varios, pero sobre todo de lo poco importante que es la talla que usas comparada con el amor que tienes que sentir por ti misma. Hablan mucho de estar gorda. (Coño, diez minutos yéndome por las ramas). Ese es el rollo de la web: no tener complejos. Estar orgullosa de ser como eres y hacer a los demás pasar un buen rato. Y nada, eso, que me pega todo escribir ahí (por el tema del humor y tal, porque yo amor propio el justito para pasar el día), así que lo he hecho. (Me sigo sintiendo mal por haber utilizado la palabra gorda, ¿es que está mal decir que es una web orientada a ese público? Hay que hacerse mirar esto).

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Quiero que sepáis que estoy muy contenta de que haya llegado octubre. Octubre, la lluvia y el frescoño frío. Porque yo de verano no sé vestir. O sea, sí sé, pero no me mola nada, que no se pueden esconder las vergüenzas en esos pantalones tan cortos.

Total, que a parte de eso, también me gusta un poco el rollo de Halloween, principalmente porque me encanta Hocus Pocus (El retorno de las brujas) y este mes la van a echar en todos lados seis o siete veces (y la voy a ver todas ellas).

Yo lo del miedo lo llevo muy mal, pero por lo demás lo de decorar la casa y dar fiestas de disfraces, guay. Aunque lo de las fiestas en Halloween tiene su peligro, porque yo creo que hay gente que no tiene límites a la hora de elegir el modelito. Quicir, hay cosas de las que NO te puedes disfrazar porque es que NO. Por el amor de Dios, ¡piensa en los niños! ¡Piensa en tu madre!

Por eso, he decidido que estas dos semanas que quedan hasta la Noche de Todos los Santos voy a ir haciendo una lista de todas las cosas de las que no tenéis que disfrazaros ese día (ni ese ni ningún otro del resto de vuestra vida. Bueno, quizá para hacerle un bailecito privado a vuestra pareja, sí, si es que os va ese rollito. Pero YA).

Yo entiendo que el problema viene a raíz de Chicas malas, que ha hecho un grandísimo daño a la sociedad en este tema, reafirmando y sentando las bases para que en esta fiesta haya que ir de lo que sea pero añadiéndole detrás la palabra putilla sexy. En la película: conejita sexy, gatita sexy y ratita sexy.

Aquí hay gente a la que se le está yendo de las manos:

disfraces-que-no-deberias-llevar-comida-putilla-sexy

Tía, no. No te puedes disfrazar de hamburguesa putilla, y si lo haces, que luego no te extrañe que te griten aquello de «Me gustaría ser patata pa’ acompañar ese lomo». Ni de pizza sexy, bocata golfo, ración de calamares porno o croqueta guarrilla. Hay unos límites, digan lo que digan Ted Mosby y su calabaza putilla. (Que ahora que me sacáis el tema: la cara de cachorrito abandonado permanente de Katie Holmes, QUÉ).

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Resulta que hay gente por ahí diciendo que el gimnasio es el sitio donde más se liga después de los bares (en estudios y cosas serias al parecer). Como alguien que puede contar con una mano las veces que ha ligado en un bar (y me sobran muchos dedos) os diré que es mentira. Tal cual. Y ya sabéis que yo siempre soy sincera con vosotros. Esa gente que liga en el gimnasio, ¿qué pasa con ella? Porque, de verdad, si vas al gym a lo que vas (a bajar de peso, a ganarlo, a estilizar, a que se te metan las mallas por el o lo que sea) es prácticamente imposible ligar. (Voy a decir prácticamente porque la esperanza es lo último que se pierde pero… Que yo creo que no y punto).

LAS DIFICULTADES


ligar en el gimnasio

1.- Hay dos tipos de persona que van al gimnasio: los que van, y los que necesitamos ir. Los primeros son los cachitas y las tías buenísimas a los que les gusta hacer ejercicio (para mantenerse cachas y buenorras, obviamente); y los segundos somos los demás, que tú nos ves en el gimnasio y dices «Sí que te hace falta venir, sí» y no añades «gordo de mierda» al final de la frase porque tú también formas parte de ese poco agraciado grupo. (Que yo sé que duele, pero esto es así). Y a los que somos del segundo grupo no nos sienta bien la ropa de deporte. Porque la licra flúor no le queda bien a todo el mundo. Bueno, en general, la ropa fluorescente y ajustadísima no le queda bien a nadie que tenga más grasa que una loncha de pavo. (Y aquí rollos de autoestima y quererse a uno mismo los justos, que vosotros también vais al gimnasio para quemar los bollos. «No, yo voy al gimnasio para sentirme bien». ME LO CREO, TÍA).

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