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La vida

¿Sabéis cuando cortas con un tío y de repente todo te recuerda a él? Evidentemente ya nos hemos dado cuenta de que este mes TODO tiene que ver con los Países Bajos (por lo que sea): todo el mundo se va a Amsterdam, el primer partido de la Selección es contra Holanda (qué vergüenza, LA VIRGEN) y solo venden Heineken en los bares a los que voy («Coño, pues ponme una Fanta de naranja»).

Ni siquiera en Budapest me he podido librar del holandés: abuelos corriendo con camisetas de I Amsterdam, más cerveza holandesa y el no va más: un libro reuniendo todos mis males (y los de mi querida Ágota, que es que lo ha dejado con un parisino): Le Neerlandais D’aujourd’hui en 90 Leçons et en 90 Jours. O sea un libro para aprender neerlandés para franceses. Si eso no era el karma dándonos una patada en el culo a las dos ya me diréis qué.

En fin, a lo que voy, que me está pasando un poco eso con Zalando también. El otro día acabé en una especie de aplicación de su web en la que metiendo tu año de nacimiento te enseñaba lo que se había llevado en tu época: La ropa de tu vida (que yo como nombre de reality show LO VEO). Por si no lo sabéis, soy muy de estas tonterías (me pasa como con los tests y las listas de BuzzFeed, que es que los tengo que hacer y ver TODOS) así que estuve un rato enredando. El caso es que en qué hora lo haría porque ahora IT’S EVERYWHERE:

Mi madre, buscando un regalo por Internet: «Cariño, aquí pone que en Zalando tienen cosas de Desigual también».
Yo buscando unos zapatos en Internet: Anuncio de su web.
La hermana de Kevin Bacon trabajando para su departamento de marketing.

A VER, esto ¿qué es? Que no me había metido en su página en la vida y ahora está en todas partes. ¿Es para compensar? Igual es que soy de sugestionar fácil o algo, no sé.

¿Alguien que la haya probado entre mis queridos lectores? Porque me quiero comprar unos zapatos y no sé si puedo esperarme a las rebajas (paciente que es una).

P. D.: Espero informes detalladísimos sobre el tema, ¿eh?
P. D. 2: ¿Os gustan los arreglillos que le he hecho al blog?

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Bueno, pues para los que no me sigáis en Instagram (no os perdéis mucho), Twitter (os lo estáis perdiendo todo), ni en Facebook (esto no os lo perdono) os pillará por sorpresa pero POR FIN os escribo desde España. Desde Madrid para concretar más (y ahí lo voy a dejar).

Entre que vino mi hermana y me fui a Budapest, o sea en menos de 24 horas, me di cuenta de que en París ya no quedaba nada para mí y de que tenía que salir de allí cuanto antes. Le he regalado a Francia un otoño, un invierno y una primavera; el verano lo tenía que pasar entero en España. Así que decidí que en cuanto volviera de Hungría cogería un vuelo hacia Madrid y terminaría mi Erasmus. Y eso hice. El día 21 estaba volando de vuelta al nido y os lo contaba con esta maravillosa fotografía (entenderéis porqué no uso IG) con el siguiente mensaje:

Porque a estas alturas mi relación con la ciudad de las luces era un poco como «No eres tú, soy yo. Que ya no te soporto». Así que tenía que huir irme, obviamente.

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¿Sabéis que hay gente que te cancela los planes 10 minutos antes de la hora a la que habéis quedado? Es más, hay gente que no te avisa de que no va a quedar contigo hasta que tú no les escribes. Que puedes llevar media hora esperando (yo solo espero 15 minutos, también os lo digo) y llamarles porque estás preocupada y entonces es cuando te dicen que al final no van porque están cansados, les duelen los pies, se les ha muerto el canario, o yo que sé. ¡Y esa gente duerme bien por las noches!

Pero bueno, volvamos a la gente de los diez minutos. Que teniendo en cuenta que tú tardas 15 en llegar al punto de reunión, a ti el mensaje de cancelación te pilla ya arregladísima y bajando las escaleras del metro. El segundo piso de escaleras del metro, para ser más concretos. Vamos a ver, petits, yo tardo una hora en arreglarme, lo que significa que si hemos quedado a las 22:00 y tardo 15 minutos en llegar, voy a empezar a prepararme a las 20:45 (porque ya puede haber un cataclismo, que yo no llego tarde a ningún lado). Pongamos que la mujer media tarda lo mismo que yo (que me parece un pensamiento razonable), si es así, ¿no podrías haberme avisado a las 21:00? Quiero decir, si no ibas a venir, no te has arreglado ni nada ¿no? Y esa hora no la inviertes en ducharte, arreglarte el pelo, maquillarte y elegir ropa (aquí es donde se me va a mí esa hora) y accesorios (que no sé si os lo había dicho pero soy muy de perlas y collares statement, por cierto. Un poco entre Julia Child y Gossip Girl. Algo rollo Mesenso. Por si me vais a regalar algo, vaya) ¿no?
Tía, podrías haber utilizado 2 de esos 60 minutos en ESCRIBIRME UN PUÑETERO MENSAJE. Porque igual es jueves, y después de haber estado todo el día paseando por París, lo último que me apetece después de los box jumps de rigor (el CrossFit me está afectando en TODO) es levantarme de donde quiera que haya caído al terminar el ejercicio para empezar a emperifollarme (¿vosotros también jugabais a los Sims? Esta palabra solo la he leído ahí).

Encima, para estas situaciones tampoco hay muchas opciones:

  1. Con la inercia de haberte puesto guapa y salido, sigues bajando al metro y te vas tú sola al bar/fiesta o a donde sea que fuerais a ir.
  2. Bajas al metro pero coges la otra dirección y te vas a ver al chico con el que estés saliendo en ese momento y/o quedas con otra gente.
  3. Bajas al metro y te tiras. (La opción más rápida, obviamente).
  4. Subes los dos tramos de escaleras desde el metro, te vuelves a casa, te quitas los tacones y las perlas y compras un billete de avión para que tu hermana venga a verte a París. (En vuestro caso lo del vuelo es opcional).
P. D.: Qué asco la gente.
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