
Despertarte por el sol, con calor y, probablemente, con todo el maquillaje aun en la carita, y ver lo que dejaste antes de salir de casa y lo que pretendiste colocar a la vuelta. Porque tras la segunda capa de rimmel no guardaste nada, y porque, por lo que sea, cuando volviste te pareció una idea correcta poner los zapatos que te quitaste en la puerta encima de la estantería.
Y mientras te preguntas si es que no hacen brochas o maquillajes en otro color que no sea rosa o si es que todo lo que te compras es de ese color, tu amiga te cuenta la siguiente conversación con uno de los chicos de anoche:
—A mi amigo T. le cayó muy bien tu amiga Jessi.
—Pues a mi amiga Jessi le cayó muy bien tu amigo R.
Pues menudo pan como unas hostias hemos hecho, chata.
P.D.: Ni que decir tiene que la foto no es de ese momento, que haberlas las había pero al parecer han muerto. Que Dior las tenga en su gloria.

