SALIENDO CON FRANCESES

MANUAL DE USUARIO

I laugh because you are french kissing a french guy.
Do you call it 
«french kissing» in french?
No, it’s just kissing.
Then for us it’s just kissing too.

Hay cosas que deberían de avisarte antes de tener cualquier tipo de encuentro con un francés. En plan un enlace a una web, un mensaje con instrucciones o una tarjeta con un pequeño manual de usuario. En él deberían venir cosas tan vitales como que en el momento en el que ese francesito te bese en los labios está dando por supuesto que sois pareja. Como pareja estable, quiero decir. En plan exclusividad absoluta. Con un beso. Con el primero. Porque sí. Sin avisar. A partir de ahí estáis juntos. Y no hay nada que hacer.

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Chicas (sí, hoy esto va por vosotras), me he dado cuenta de una cosa: nunca he tenido una relación con un hombre tan satisfactoria como la que tuve con la última hamburguesa que me comí en París (que puede parecer triste pero es que estaba muy buena. ¿Exagerar yo? NADA). De verdad, ha sido mejor que cualquiera de las relaciones que haya tenido desde que empecé a salir con chicos (que no han pasado muchos años pero sí muchos capullos).

¿Y dónde he tenido esta revelación? Comiendo en Le Camion Qui Fume, que no os lo vais a creer, pero sí, es un camión que va por París vendiendo hamburguesas gourmet. Así de simple. Así de bueno. A 10 minutos de mi casa, no digo más.

Total, que ahora me veo en la obligación de compartir con vosotras porqué las hamburguesas de Le Camion Qui Fume son mejores que la mayoría de tíos con los que vayáis a estar:

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Julio, terracita, 19:30, cañas con una amiga. Aparecen un par de amigos en común que se unen a vosotras.
Y llega él. El Pijo, (apodo y casi título nobiliario). Un tío al que tú has admirado por su forma de vestir durante toda la carrera porque «jo qué mono va siempre». Tiene un puntillo de Borjamari pero se lo perdonas porque, bueno, se lo perdonas. Avanzado en tendencias un día le viste llevar dos camisas a la vez. Dos camisas: o sea, una sobre la otra (una abotonada hasta arriba y otra puesta encima con tres botones sin abrochar, se entiende ¿no?). Del tipo de Ray-Ban aviador, bermudas y jersey de pico. El Pijo, vaya.
Y se acerca, os saluda, coge una silla y se sienta a tu lado. Y es entonces cuando te percatas de que ya no es El Pijo anymore: lleva pantalones de chándal. Pero no es todo. En un alarde de, no sé, ingenio, ha decidido combinarlos con un polo de Lacoste verde botella y lo lleva, sí, señores, POR DENTRO del pantalón.
¿Acaba ahí la cosa? No, acaba en unas deportivas tipo tenis de loneta gris, del mismo color del chándal, cuya pernera, por si os lo estabais preguntando, termina en un elástico que hace efecto pantalón-por-dentro-del-calcetín.

Ya no es El Pijo, no. Ahora es Jesús Gil.

P. D.: Mi cruzada personal contra el chándal.
P. D. 2: De verdad, qué desilusión más grande.

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