Bueno, pues ya has hecho la lista de destinos a los que te gustaría ir con la beca Erasmus, y la has solicitado. Entrevistas, papeleos, y dos semanas (tres o un mes y medio después) te dicen por fin si te vas y a dónde. Tú ya sabías que te la iban a dar (o eso deseabas muy fuerte cerrando los ojitos) pero a lo mejor no tenías muy claro a dónde.
Te acercas a la oficina del becario de las becas (que ya le conoces, se llama Alfredo y con lo pesada de los cojones que has sido, en algún momento tendrás que invitarle a una cerveza, o no, porque para eso está, pero a lo mejor es mono y eso que os lleváis los dos), y miras la lista, vas bajando mirando nombrecitos y destinos (¡coño, a Ryan Gosling* le han dado Polonia!) y llegas al tuyo. (El mío el último como siempre, en una hoja a parte con otros dos nombres más, chinos.) Jessica V… Ecole Supérieure du Commerce Extérieur. En París, Francia.
Y ¿qué es lo primero que haces? Poner la consabida cara de sorpresa de Taylor Swift. Como si no te lo esperases.





