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Más de una vez me han dicho que parece que hay un grupo de guionistas escribiéndome las respuestas (Hola, Jose). Evidentemente no es el caso, por eso, a partir de hoy pongo a vuestra disposición mi don para las contestaciones mordaces.

Este es uno de mis recursos favoritísimos. Mi marca registrada, mi fórmula secreta de la Coca Cola, no sé si me explico. Que si esto se lo contáis a un amigo y os dice que a él también le pasó, probablemente le pasara conmigo, vaya.

Resumiendo: si por algo se me conoce entre mis amigos es por esto que os voy a contar ahora.

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Bueno, digamos que el súper no es el mejor sitio para ligar (a mí se me acerca un tío en el pasillo de los quesos y le pongo una cara de esas que te hacen replantearte la existencia, para qué nos vamos a engañar. Si ocurre en el pasillo de las mermeladas me lo pienso, pero ¿en el de los quesos? Ni de coña), pero desde luego es un lugar con muchas posibilidades: «Vaya, tú también compras desinfectante con olor a cítricos. ¡Qué casualidad! Almas gemelas.»

Tranquilos no es que haya ligado en el supermercado. Todavía. ¿Sabéis la típica escena de película americana en la que un chico y una chica se enamoran al salir de hacer la compra después de chocarse y que se les caiga la mitad de las cosas de las bolsas esas de papel marrón que te dan en las tiendas en Estados Unidos? (Pausa para respirar)(Lo de este monólogo de Goyo Jiménez, vaya). Bueno, pues eso, que no me ha pasado pero PODRÍA porque en París te dan esas bolsas de papel marrón para la fruta. (En los Carrefour Express, para más datos). Ais… Si no fuera porque he decidido que me dan mucho asco los parisinos… Si es que los franceses nos llevan años de ventaja en cuestiones de romanticismo.

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Respuestas posibles:

a) ¿Ahora? ¿En plan ya mismo? ¿Pero me termino el vino o…?
b) Define la madre de mis hijos.
c) La cuenta, por favor.
d) Gracias, pero voy a tener que pasar.
e) ¡Taxi!
f) Ya, si sé quién dices, pero no ha venido.
g) Bueno, yo me bajo aquí…
h) No, no. No, no, no, no, no. (gif)
i) Reacción (otro gif)

Al volver a casa se me ocurrieron mil respuestas ingeniosas a esa frase lapidaria, pero en aquel momento simplemente abrí mucho los ojos e hice algún comentario restándole importancia al asunto. Quise achacarlo al vino pero es que el discursito siguió:

(…) Es que eres tan joven… Si es que te saco 12 años. Cuando tenga 42 tú seguirás teniendo 30, y cuando yo tenga 52, todavía tendrás 40. (Las matemáticas bien ahí). Y conocerás a gente de tu edad, a otros chicos… Y es que cuando tengas 30 te valdrá cualquiera, te dará igual si es mayor, de tu edad, más joven…

Lo que yo entiendo de ahí es que según él, a partir de los 30 las tías dejan de tener criterio y les dan igual ocho que ochenta, y que alguna vuelta a la idea sí que le había dado ¿no?

Cuando les conté a mis padres (porque yo con mis padres tengo una relación muy sana y por qué no se lo voy a contar) lo sorprendida que estaba porque el abobao’ (que le llamamos aquí en petit comité) me hubiese invitado a cenar, no quise creerme la teoría de mi padre:

Pasados los 30 los tíos buscan una relación estable, alguien para no pasar el resto de sus vidas solos.
Ya, papá, si yo lo entiendo, pero ¿con tu hija de 21 años que además vive en París? No tiene sentido.

Bueno pues al parecer sí. Apf…

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