No estoy viviendo con mi novio

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Petites, mi madre me ha hecho darme cuenta hoy de una cosa y estoy muy decepcionada. Y es que hay rebajas en Zara Home, en ropa de cama, y quiero comprarme toda la colección, básicamente (esto no es lo decepcionante), pero claro, yo iba tan contenta mirando fundas de nórdicos para mi cama de 90 cuando mi madre ha soltado la siguiente frase lapidaria:

«Jessi, no te puedes comprar más fundas para el nórdico, que lo mismo dentro de un año ya no estás viviendo aquí (a.k.a. casapadres) y necesitas sábanas para cama de matrimonio». SIGUE LEYENDO

Campofrío, «Hazte extranjero» y llora un poquito

Madre mía, petits, lloro. ¿Vosotros os acordáis de dónde estabais exactamente hace tres años, cuando salió esta campaña de Campofrío (que desde aquí os digo que no me paga nada por contaros esto)? La de Hazte extranjero. Probablemente no. «¿Hace tres años, Jessi? ¿Y esto cuándo fue? ¿En Navidad? Yo qué sé, pues estaría en mi casa». Pues yo me acuerdo perfectamente: en París, de Erasmus, a semanas de coger el avión de vuelta por Navidad para ver a mi familia unos días antes de que volviese a empezar el curso. SIGUE LEYENDO

Por qué no quiero ser blogger a tiempo completo

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La gran mentira

Petits, permitidme que utilice estas idílicas fotografías de mi supermaravillosa vida para ilustrar la gran mentira en la que vivimos la mayoría de blogueras. Estas fotos que he recopilado durante una semana entera, pero que vamos a dar todos por sentado que son de un solo día, porque, además, todos mis días son igual de chachis: me levanto en un anuncio de Don Algodón, ya guapa y peinada, pero me ducho y me arreglo un poco más para grabar un vídeo que luego se hará viral sin esfuerzo alguno, mientras espero a que mi guapísimo novio me recoja en coche para ir a tomar un sanísimo brunch (que por supuesto no me engordará nada y que no se enfría mientras hacemos 200 fotos de él para redes sociales). Más tarde, daremos un paseo por unas muy pintorescas calles y tiendas donde puede o puede que no me compre otro sombrero para adornar la pared (porque como soy blogger, la ropa también me sirve para decorar). Luego iremos a entrenar conjuntadísimos, que es lo que hacen las parejas de Instagram y después pasaré solo un par de horas editando el vídeo y las fotografías, que luego subiré a mis redes sociales mientras me como una ensalada, que también compartiré en Twitter, y veo cómo mis seguidores aumentan sin parar.

¿Ha sonado suficientemente a mentira o pongo que mi novio en lugar de en coche me recoge en unicornio volador? Desde luego, si ser blogger a tiempo completo fuese esto que acabo de describir, ¡tonto el último! Todo el mundo querría serlo. De hecho tengo la sensación de que precisamente porque la gente se monta las películas que se monta sobre tener un blog, todo el mundo vanagloria la vida de las blogueras, y no es tan bonita, creedme. SIGUE LEYENDO